La canción del Río Paraná

A GalaDK la conocí en un curso de periodismo musical hace unos meses. GalaDK es amante de la música, y periodista. GalaDK, mientras yo escucho a Emerson, Lake & Palmer, escucha The Crookes, Two Door Cinema Club, The Cast of Cheers, Utopians y Mogwai.  GalaDK es muy joven, está más buena que el Dulce de Leche, y es -obviamente- Rosarina. GalaDK tiene la fina sensibilidad de conectar qué música con qué espacio. Bienvenida a estos lares, GalaDK!

The Sacred Monster

La canción del Río Paraná

La ciudad en la que vivo tiene su propio ruido, como cada localidad del mundo. Rosario, a 300 km de la gran y activa Buenos Aires, es la mía y como todas tiene sus propios sonidos.

Como cada lugar, ésta tiene sus bocinas, sus puteadas, su tráfico y sus quejas. Tiene sus choques, tiene colectivos que frenan y aceleran. Tiene sirenas apuradas con heridos o convalecientes, u otras que tan solo dicen perseguir algún fugitivo. También tiene de esas alarmas sin sentido, insoportables y reiterativas como las que acciona un auto un martes a la madruga. A veces las ocasionamos nosotros y en algunas oportunidades es culpa de otro (casi siempre según nuestro modo de ver).

Mi Rosario también tiene un aeropuerto que manifiesta su presencia, que emite su música en formato de turbina y siempre canta una canción con el nombre de un destino, con el ritmo de otro país o la tonada de una ciudad vecina.

Toda ciudad tiene, mejor dicho, su propia música. Pero mi preferida acá es la que hace el Río Paraná.

Rosario siempre mira al río y éste, agradecido, le devuelve cada día una canción.

Cuando las gotas caen por una tormenta el río recibe las lágrimas del cielo y las convierte en un palo de lluvia. Al igual que el instrumento de caña y arroz, el Paraná toma el choque de dos aguas creando un ruido distinto, una melodía gris.
Con el viento pasa algo similar. Son como trompetas y saxos que se manifiestan según de qué lado provenga la brisa. Si viene del Sur, las palmeras más próximas a esa zona se moverán creando notas, haciendo ritmos con el oleaje. Si viene del norte, los camalotes danzantes se agruparán creando un nuevo acorde. Si arriba de ese camalote va una serpiente, con su seseo aportará una voz, y otra vez el río habrá hecho una canción.

Los barcos, por su parte, también aportan su ritmo y son los músicos invitados a esta fiesta. Ya sean pequeños botes pesqueros arrojando una caña y haciendo que la tanza corte la respiración del aire generando un zumbido, o un remero dando paladas para ganar la carrera. Será el kayakista paseando entre los islotes que separan esta provincia de Entre Ríos, o las regatas que con sus veleros vestidos de colores adornen esta banda musical con las más finas telas que empujan la embarcación. También podrán ser los grandes barcos transportistas, venidos de países con banderas exóticas (que nos esforzamos por develar su identidad desde la costa), intentando adivinar qué sonido de su país aportarán a esta gran orquesta que es el Río Paraná.

En los días de sol, esos primaverales donde los primeros insectos osan a presentarse, el río los invita a cantar. Moscas comilonas se posan sobre los pescados recién sacados como si fueran un coro esperando la nota que dé pie a su parte. Vestidas de smoking esperan pacientes que el pescador se olvide de ellas para chupar lo que puedan. O son los grillos los que saltan de una rama a otra y van pisando los charquitos con agua y lodo que se junta al borde de un muelle en la isla de en frente. No importa en qué época del año estemos, ni qué invitados sin anuncio lleguen al Paraná, este río siempre los recibe y los invita a zapear.

El puente que nos une con Victoria es el piano de acordes más novedoso que tiene el río para hacer sonar. Con sus grandes y macizas columnas de hormigón arma sus propias correntadas en cada poste, haciendo remolinos de agua y viento con sonidos huecos entre las columnas más cercanas y otros más agudos y llenos de eco en la parte principal, donde los hilos que sostienen el puente en el brazo más ancho del río se mueven tiritantes aportando un sonido metálico al tema musical de una jornada.

En Rosario hay muchos ruidos y cada uno hace una canción. Es la cotidianeidad que hace temas, algunos más ruidosos y molestos como si fueran una canción de punk, y otros más sutiles y sinfónicos como los del mismo Río Paraná. Podrá estar mi ciudad en pleno apogeo hardcore, en el medio de un pogo de canciones de rock, pero no importa dónde yo esté y qué canción tenga la ciudad sonando en ese momento, si puedo llegar a ver una puntita de esa agua marrón, podré escuchar qué melodía tiene el río ese día para mí.

Más GalaDK: http://little-things-of-everyday.blogspot.com.ar/

Author: GalaDK

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5 Comments

  1. Sacred, querido. Una vez más me veo obligado a coincidir con vos. Decir que es rosarina y está más buena que el dulce de leche es una auténtica obviedad.
    Hermoso el relato de GalaDK sobre Rosario.
    Cuando regrese intentaré concentraré en sus sonidos, siempre que las tentaciones visuales me lo permitan.

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  2. De donde saca el SacredMonster gente con tanta onda?
    Fito, FOntanarossa, Olmedo… Aguante Rosario!

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    • El Che, Eladia Blazquez, Baglietto….

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  3. Cerca… siempre estuvo cerca…

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  4. Rosario, la “Chicago Argentina” para los bluseros!
    Hermogasoso relagasato, GalaDK.

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